Hacia una España Mejor

martes, agosto 30, 2011

El hambre aguza el ingenio


Según nos cuenta el diario El Plural, el presidente de la Diputación de Málaga, ha nombrado como asesores a una pléyade de exalcaldes y exconcejales del Partido Popular, todos ellos con un sueldo medio de 45.000 euros anuales. Los cargos son todos muy llamativos pero destaca el del que fuera alcalde de Benalmádena, Enrique Moya, al que han “colocado” como asesor para asuntos taurinos con un sueldo de 47.000 euros anuales. La verdad es que ya es echarle imaginación a la cosa para justificar un acto que muchos podrían calificar de amiguismo, pero ya se sabe que el hambre aguza el ingenio. Según relata el diario antes citado, este exalcalde sólo tiene que encargarse de dos cosas: La redacción de un pliego de condiciones para explotar la plaza de toros de La Malagueta, que la empresa a la cual se le adjudique gestionaría durante cinco años, por lo que al asesor solo le ocupará un espacio de tiempo muy limitado, el que se tarda en confeccionar el pliego de condiciones y sacarlo a concurso o subasta, o vistas como se hacen las cosas en la Diputación malagueña, se adjudique a dedo. O sea que el “asesor” sólo va a actuar, trabajar, durante un mes o dos a lo largo de cuatro años. También tiene que dirigir la Escuela Taurina Provincial, cuyo funcionamiento es independiente y actúa como organismo autónomo local. Como se puede comprobar el afortunado asesor no va sufrir ningún tipo de hernia, ni de ombligo y mucho menos mental.
Una vez dentro de la dinámica de darle nombres muy llamativos a los cargos para colocar en ellos a los exalcaldes y exconcejales en paro, me atrevo a sugerir que se puede crear también el Área de Circuncidar Monos al Salto (ARCIMOSAL), españolizando la denominación se podría llamar Área de Descapullar Monos al Salto (ARDESMOSAL) y así todos sabemos mejor de que va. El trabajo sería mínimo ya que en España, monos lo que si dice menos puede que haya muchos, pero monos lo que son monos hay pocos, salvo que te vayas a Gibraltar. El trabajo consiste en cogerle el pene al mono con firmeza y cuando se le tiene bien agarrado explosionar un petardo a espaldas del mono para que este se asuste y salte y al propio tiempo que el mono salta apretar fuerte y tirar hacia abajo con lo cual el prepucio cede y queda libre, al aire, el glande. Hombre si, la verdad es que el mono se queda un tanto jodido, pero al poco tiempo se le pasa. No es lo mismo que ser “asesor taurino” pero la cosa da poco trabajo. Podría proponer otros campos de gestión como es el de mantener los raíles del tren brillantes pero eso ya es más duro, el lijar las vías del tren con un simple papel de lija y manualmente ya implica el estar mucho tiempo agachado, aunque si no se le exige al “asesor” que lije un número determinado de metros al día, la cosa puede resultar bastante “asequible”.
En fin, creo que me he extralimitado y no quiero dar más ideas. Pero lo he hecho por dejar constancia de que no todo está inventado para contratar a los políticos que se quedaron sin cargos y que las diputaciones pueden tener un mayor contenido y operatividad. Queda mucho por descubrir, pero como antes he dicho, el hambre aguza el ingenio. Como se puede comprobar las diputaciones sirven para mucho. Aún hay quien dice que no hay razones para que sigan funcionando. ¡Que sabrán estos!